Daniel Navarro

Daniel Navarro (Córdoba, 1980)

Es un bailaor y coreógrafo de flamenco titulado en Danza española por el Conservatorio Profesional de Córdoba y con 6 años cursados en Ballet clásico. Antes de empezar la carrera de solista, es primer bailarín en varias compañías de danza, como las de Javier Latorre, Antonio Canales, Cristina Hoyos, Aida Gómez, Los Ulen, Javier Barón, Ballet de Murcia y el Ballet Flamenco de Andalucía. Luego colabora con el guitarrista Vicente Amigo, el pianista Chano Domínguez y el cantaor El Pele, entre otros.

Galardonado con el primer premio Mario Maya en el concurso nacional de arte flamenco de Córdoba en 2001 y ganador del primer premio El Desplante en el Festival Internacional de Cante de las Minas, en la Unión (Murcia), en 2005.

Entre sus colaboraciones de más éxito, destacan las del espectáculo “Ambivalencia” de Javier Latorre en 2000; “Rinconete y Cortadillo” en 2002 y el espectáculo “En el nombre de la rosa”, donde coreografía su propia pieza.

También ha protagonizado montajes del bailarín y coreógrafo Antonio Canales como “Torero” en 2004, “Ojos verdes” en 2003 y, de 2003 a 2005, “La casa de Bernarda

Alba”.

En 2007 empieza su colaboración con el guitarrista Vicente Amigo, que se mantiene hasta 2015 actuando en los espectáculos “Poeta”, “Un momento en el sonido”, “Paseo de Gracia” y “Tierra”.

Su relación artística con Chano Domínguez empieza en 2007 cuando el pianista le requiere para el Festival de Jazz de Viena 2007, donde comparte cartel con artistas como Pat Metheny, Concha Buika, Chucho Valdés y muchos más.

Desarrolla también una carrera individual actuando en festivales y  teatros europeos, americanos y asiáticos. Es invitado en 1999 al Festival Liguita en Liechtenstein junto con artistas como David Russell, Costas Cotsiolis, Jorge Luis Zamora, entre otros. Clausura el Festival del Círculo Machado en Luxemburgo con los espectáculos “3 bailaores” en 2001, “Rinconete y Cortadillo” en 2003 y con su propia producción «Un ramito de suspiros» en 2009.

Una larga gira en Japón en 2004 le abre las puertas del publico asiático que conquista con el espectáculo “Selectos bailaores”.

Actúa como primer bailarín con el Ballet Flamenco de Andalucía, dirigido por Cristina Hoyos, giran por Cuba en 2007 y es inscrito, junto a Cristina Hoyos, en el libro de honor del Gran Teatro García Lorca de la Habana y recibe mención especial  en los Premios Gran Teatro de La Habana, presidido por la bailarina cubana Alicia Alonso.

En 2009 forma su compañía, dirige y coreografía el espectáculo “Cálida hondura”. Con música original de Juan Requena, se estrena en la Noche Blanca del Flamenco de Córdoba, en el Festival de Teatro de Palma del Río, y en el teatro La Latina de Madrid dentro de la programación de los Veranos de la Villa. Con la colaboración de Javier Latorre y Vicente Amigo.

En 2011 estrena en el Festival Adriático Mediterráneo de la ciudad de Ancona (Italia) el espectáculo “Piano y duende” con coreografía e idea de Navarro y música de Chano Dominguez y Juan Requena.

Entre 2014 y 2015 gira por diferentes festivales internacionales con sus espectáculos “Ramito de suspiros”, “Piano y duende” y “Asómate”, como el Festival Flamenco de Montreal, y en la programación asiática del Teatro Gorki de San Petersburgo y en otras ciudades rusas.

“Las Carboneras es un sitio mágico”

 

«Soy un bailaor que viene de la formación clásica, estudié en el Conservatorio de Córdoba y me titulé en el grado medio de danza española. Paralelamente hice seis cursos de clásico con Araleo Moyano. Entonces Javier Latorre abrió su estudio al lado de la casa de mi abuela y él fue el que me dio la opción de iniciar mi carrera con buenos pasos en la formación clásica. No soy autodidacta en ningún aspecto, vengo de horas de trabajo.

»En cuanto a mi carrera, tuve la suerte de participar en varios espectáculos importantes de Javier Latorre como “Rinconete y’ Cortadillo” o “En el nombre de la rosa” o con Antonio Canales en “Torero”. Fueron momentos muy importantes en mi carrera que me marcaron mucho y aprendí muchísimo, no solo del baile sino de todo lo que rodea la escena y demás. Destacaría a Javier Latorre o Antonio Canales como maestros con los que me formé. Y a nivel musical, una vez inicié carrera en solitario, hay tres personas que me marcaron mucho. Obviamente, Vicente Amigo, con el que estuve ocho años recorriendo el mundo y haciéndome disfrutar de la música más maravillosa que he escuchado nunca. Otra persona es Chano Domínguez, que me abrió el campo del jazz y me hizo ver que la música es muy rica y que la fusión, el trabajar con otras músicas, me enriquecería muchísimo. Y así fue porque me puso con artistas como Wynton Marsalis, Paquito D’Rivera, Piraña… No sé, me puso con artistas muy buenos en teatros y festivales importantes y con el que sigo trabajando y saliendo de gira por Estados Unidos. Y la tercera persona, más a pie de batalla, se llama Juan Requena, guitarrista de Málaga que fue el que me hizo cuidar la música y el que me dio una visión del baile que me encantó. Y creo que a partir de ahí puse todos los conocimientos y todas las vivencias que había tenido en un solo camino. Juan Requena es una persona que también ha marcado mucho mi carrera.

»Querría añadir que hay una cuarta persona, que es Pedro Córdoba, a la que también tuve de referente desde muy joven y a pie de campo, alguien que me hizo ver el baile de una manera distinta. Así que me gustaría que también apareciera su nombre como una cuarta persona importante en mi carrera.

»¿Qué significa para mí bailar en un tablao? Pues para mí fue la primera prueba de fuego. Salir de un conservatorio y enfrentarte a un tablao, a la verdad absoluta, al toro, era un reto casi definitivo. O me encontraba bien y creía que podía y tenía posibilidades o directamente no hubiese seguido el camino. Pero tuve mucha suerte, estuve en Los Gallos, en Sevilla, un sitio donde me hicieron aprender a velocidad del rayo con pedazos de artistas al lado. Y hoy día se ha convertido en una necesidad porque todos tenemos nuestras agendas, salidas y compromisos y son gratificantes esas actuaciones en lugares serios, pero luego en el día a día hay una necesidad de poder desfogarte, al menos en mi caso, todas las sensaciones tanto buenas como malas y poner en práctica algo que luego quizás puedas llevar a un teatro si has visto que ha funcionado antes en un tablao. Y la verdad que tiene el tablao, que es reunir a un grupo de personas, que cada uno viene con su historia y en ese momento ser capaces de, con el alma, crear un clima y hacer disfrutar a una gente que ha pagado una entrada. Y a gente que, como nosotros, que vamos a disfrutar, pero no siempre subimos al escenario con la disposición al cien por cien de creer que todo va a salir bien y muchas veces sale al doscientos por cien. Y, si tengo que destacar algo, Las Carboneras es un sitio mágico en el que sucede eso a menudo y por eso a mí me gusta de vez en cuando estar ahí con vosotros».